Un email de madrugada no es un despido
Las personas que terminan con su vida patas arriba merecen, como mínimo, que alguien les mire a los ojos.
Meta ha despedido a 8.000 personas con un email a las 4 a.m. y bloqueando el acceso a sus herramientas. Yo trabajé en Facebook hace 15 años. No recuerdo que lo hiciéramos así.
Desde entonces, he pasado por suficientes empresas para saber que un negocio tiene que adaptar su plantilla a las necesidades de cada momento. También he tenido que construir y reestructurar equipos (y eso, casi siempre, conlleva echar gente).
Y, por supuesto, también he sido despedido.
Un despido es parte del ciclo vital de la empresa. Ni más, ni menos. Igual que la contratación. No es un fallo del sistema, es el sistema funcionando a la perfección.
Lo que sí es un fallo más común de lo que cabría esperar es cómo se ejecuta.
Regla número uno: un despido no se anuncia
Meta no es la única empresa que anuncia una ronda de salidas masivas antes de que se produzcan. ¿Las razones? Cabría pensar que anticipar la reacción del mercado ante una decisión así (y dar marcha atrás si hay mucha resistencia). Pero en realidad se busca una reacción positiva en bolsa: a menos coste de personal, mayor rentabilidad.
Ahora imagina ser uno de esos empleados despierto a las 4am, esperando librarte de un mail que llega con nocturnidad, alevosía y el bloqueo de tu ordenador y móvil de trabajo.
Imagina tener que trabajar hasta ese día, como si nada. Sigues yendo a reuniones, respondiendo emails, fingiendo normalidad mientras confías en que no suene tu nombre. Eso no es una reestructuración. Es la versión corporativa de Los juegos del hambre.
Los despidos se ejecutan todos de golpe, si es posible. Y después se dan las explicaciones oportunas al resto de la empresa, una vez que las personas afectadas ya son conscientes de su situación.
Regla número dos: un despido es una muestra de respeto
Un despido debe suceder en persona, siempre que los medios lo permitan. Tiene que ser una conversación cara a cara. Y tiene que realizarla el responsable directo de la persona despedida, aunque se sume también alguien de HR.
En la reunión hay que agradecer el tiempo decicado a la empresa y el trabajo realizado de forma genuina. No es el momento de reproches ni críticas. Hay que comunicar la decisión, explicar las condiciones de la salida y desear lo mejor a la persona que deja la empresa.
No hay que extenderse más de lo necesario. Recuerda que tienes delante a una persona pasándolo mal y mejor no alargar ese momento desagradable.
Y sobre todo, hay que dar espacio para procesar lo que está pasando. Ofreciendo resolver dudas (generalmente con alguien de HR), porque pasado el shock inicial seguro que surgen preguntas a las que hay que dar respuesta.
Algunas empresas –pocas– ofrecen una entrevista de salida: una reunión, semanas después, en la que ambas partes pueden dar y recibir feedback de su relación laboral. En mi opinión, esto es un auténtico regalo para la empresa, porque poca gente habla con más libertad y menos filtros que alguien que conoce bien la compañía y ya no trabaja para ti.
Regla número tres: un despido nunca va sobre ti
Despedir es, por lo general, lo más desagradable que tiene que hacer un manager como parte de su trabajo. Siempre se pasa mal y es difícil gestionar el proceso, pero eso no significa que la persona que despide sea la protagonista.
Cuando conviertes una conversación de salida en tu catarsis emocional, estás poniendo el foco donde no debería estar. “Esto me cuesta muchísimo”, “es la decisión más dura de mi carrera”, “lo estoy pasando fatal…”
Para.
Deja de actuar como estás actuando.
Y piensa en la persona que realmente está pasando por un mal trago.
Los despidos son parte del proceso. Como la contratación. Y las personas que salen de una reunión con su vida patas arriba merecen, como mínimo, que alguien les mire a los ojos.
Espero haber estado a la altura cuando me ha tocado ser quien da las malas noticias. No lo sé con certeza. He cometido errores, seguro.
Pero sigo pensando en esas conversaciones y sigo aprendiendo de ellas.










